Nuestra trayectoria
Elena Cruz Castro y Marta Alvarez Rivera abren un pequeño taller en Pichilemu con la idea de crear lencería que combine encaje francés y tejidos técnicos transpirables.
Lanzamos nuestra línea inaugural con algodón orgánico y elastano de recuperación suave, disponible desde la talla 36 hasta la 50.
Incorporamos despachos discretos a todo Chile y publicamos una guía de tallaje detallada para facilitar la compra en línea.
Ampliamos el catálogo con prendas moldeadoras de costuras invisibles y pijamas de satén, manteniendo la estética romántica en tonos rosas empolvados, nude y blanco perla.
Así se construye cada conjunto: desde la selección del encaje francés hasta el último ajuste de costuras invisibles. Piezas pensadas para la talla 36 a la 50, con acabados que no se marcan bajo la ropa.
Desde el primer boceto de encaje hasta la colección completa, cada etapa del atelier respondió a una misma pregunta: cómo hacer que la lencería fina se sienta realmente propia.
Elena Cruz Castro comenzó a cortar y coser bralettes en su departamento de Pichilemu, usando retazos de encaje francés que traía de un viaje a Lyon. La primera tanda fue de doce piezas, todas en tonos nude y rosa empolvado, y se agotó en dos semanas entre amigas y conocidas. Ese primer pedido confirmó algo simple: había mujeres buscando ropa interior que no eligiera entre verse delicada y sentirse cómoda.
Cuando las ventas por encargo crecieron, la tentación era estandarizar el catálogo en tallas pequeñas y medianas. En cambio, invertimos seis meses en rediseñar los patrones para que el soporte viniera de la banda y las costuras planas, no de la compresión. Fue la decisión más difícil del proyecto: implicó descartar moldes que ya funcionaban y rehacer la guía de tallaje desde cero, con pruebas reales en cuerpos diversos.
El encaje seguía siendo el alma de la marca, pero las clientas pedían prendas para usar todo el día, incluso en verano. Probamos más de cuarenta tejidos técnicos hasta encontrar una microfibra que absorbiera la humedad sin perder suavidad. Ese año lanzamos la línea de bodys y bralettes sin aros que hoy representa el cuarenta por ciento de nuestras ventas, y que nos enseñó a combinar la estética europea con el clima chileno.
Al crecer el pedido desde otras regiones, montamos un sistema de envíos con empaque neutro y seguimiento directo por correo. También abrimos un canal de consultas por WhatsApp donde respondemos dudas de tallaje antes de cada compra. El resultado no fue solo logístico: las devoluciones bajaron y muchas clientas volvieron a escribir para agradecer el ajuste. Hoy, esa conversación previa es parte de cómo entendemos el servicio.
La última temporada incorporó pijamas de satén y prendas moldeadoras con costuras invisibles, siempre manteniendo el algodón orgánico como base. Pero el cambio más importante fue interno: formalizamos un protocolo de control de calidad que revisa cada costura y cada elástico antes del despacho. No buscamos crecer rápido, sino que cada pieza que sale del taller sostenga la misma promesa del primer bralette de 2019.